Ignacio Llamas

2016

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Reparar

Es un proyecto artístico con una decidida vocación social al proponer un modo de pensar diferente. Trata de ofrecer al espectador una manera distinto de relacionarse con el dolor, con el sufrimiento, con los propios límites.
¿Por qué negar el dolor y la muerte? ¿Por qué no relacionarnos de un modo distinto con el sufrimiento y los propios límites? Son realidades humanas que todos experimentamos y de las que tratamos de huir, e incluso ocultarnos.
Este proyecto persigue conseguir que el espectador realice una profunda experiencia estética, demostrando el valor del arte como motor de reflexión sobre conceptos universales, y al tiempo individualizados por la experiencia de cada espectador: el sufrimiento, los límites, la búsqueda de la plenitud en el desarrollo personal…
El hombre contemporáneo occidental y su arte suele plantearse el porqué del dolor y el sufrimiento. Una realidad que todos percibimos y a la que no sabemos dar una respuesta. Detenernos para afrontar la realidad personal del propio sufrimiento y otorgarle un sentido positivo, convirtiéndolo en un modo de realización personal, es lo que se propone.

¿Cómo conseguir que el espectador realice esta experiencia estética reflexiva?
Construyendo un mundo inmaterial en el que descubrir nuestra capacidad de trascender, generando un espacio atemporal.
El espacio expositivo se plantean, no como lugar de exhibición, sino como un discurso vital. Para ello será necesario articularlo como un recorrido perceptivo, que apele a nuestros sentidos, a nuestra comprensión estética y a nuestra reflexión.
De un modo prácticamente inapreciable, se irá guiando al espectador por un itinerario plástico y conceptual que invite a adoptar una mirada introspectiva que permita el acceso a su paisaje interior.
A través de los diferentes espacios de la exposición, y de la atmósfera en ellos generada con la presencia de las piezas y el particular tratamiento de la luz y el sonido, se ofrece al espectador la posibilidad de desacelerar, aminorar paulatinamente el ritmo habitual con el que nos movemos, pensamos, vivimos.
Una vez alcanzada esta calma, es el momento de realizar un viaje hacia la propia interioridad, en la que descubrir las luces y las sombras que cada uno lleva dentro. Solo entonces resultarán audibles algunos sonidos: sonidos de campanas de muerte, flautas solitarias o latidos de un corazón; y perceptibles detalles del microcosmos presentado en cada una de las piezas.
Finalmente la luz, regeneradora, utilizada como herramienta y recurso plástico, se ofrece al espectador como metáfora de la reparación del dolor y de la soledad.
El desenlace final de la reflexión y racionalización de la experiencia estética le corresponde escribirlo al espectador.
Con este transitar contemplativo, se ofrece al espectador la posibilidad de tomar conciencia de cómo los elementos negativos que todos portamos dentro podemos considerarlos en positivo si los afrontamos y somos capaces de dotarlos de un sentido que permita su transformación en algo que, lejos de destruirnos, nos construyen como personas.
Para realizar esta experiencia que se propone, se ofrecen cuatro herramientas. Cuatro metáforas que nos acompañarán en el recorrido y que nos permitirán, si estamos receptivos, realizar el viaje propuesto.
Estos cuatro conceptos fundamentales son:

La idea de paisaje.

El paisaje concebido como espacio identificativo.

Se toma como punto de partida el paisaje que rodea al autor. Un paisaje desolado, con escasos referentes visuales, pero, por esta razón muy cargado de significación.
Un paisaje conformado por la constante presencia del ser humano, que lleva siglos dejando su huella en él. Es el paisaje de La Mancha, el paisaje castellano, árido, sin relieve, con escasa vegetación. Un paisaje aparentemente anodino y carente de interés que, pese a lo que pueda parecer, contiene una belleza escondida. Ésta es el fruto de todas esas características que inicialmente podrían considerarse negativas, pero que no lo son. Características que generan una belleza de la ausencia: una belleza de lo no-bello, lo no-agradable, lo no-placentero.
Este paisaje, que adquiere ahora un protagonismo en la obra, siempre ha estado como un referente inconsciente y ahora se muestra como un elemento constructor de su propia identidad.

Los límites

El limite como un elemento que conforma el interior del ser humano.

Este argumento llega tras un largo proceso, de varios años, en el que he investigado sobre los elementos referenciales del interior del hombre y que son comunes a toda la humanidad.
Este proceso de reflexión comenzó poniendo de reliéve los aspectos positivos de la persona para, después, en un segundo momento analizar los aspectos negativos que configuran la realidad humana de un modo profundo: el dolor, la angustia, la desolación, los traumas y también los límites.
Desde hace poco tiempo el foco de atención se ha puesto en la idea de límite. Los límites que nuestro carácter y nuestras experiencias nos imponen. Reacciones psicológicas que nos dominan, que objetivamente no tienen la capacidad de paralizarnos, pero lo hacen. Estímulos negativos con los que estamos obligados a convivir. Cada uno con los propios.
En este sentido se utiliza la imagen de la valla fragmentada o rota. Ésta nos impide el paso, al igual que hacen nuestros límites, sin ser conscientes de que al alejarnos de ella nos daremos cuenta de que unos metros más allá ya no existe o hay una abertura que nos dejará pasar.

Material de construcción

El material de construcción como elemento simbólico de los constantes procesos de cambio del ser humano.

En todo proceso creativo tiene una significación relevante la elección de los materiales. Estos, en la mayoría de los casos, deben aportar un componente conceptual a la obra.
En esta ocasión se plantea un trabajo configurado en su mayoría con elementos propios de la construcción arquitectónica, tales como sacos de desescombro, yesos, materiales aislantes…
Todo proceso de construcción, de derribo o de reforma arquitectónica conlleva un cambio tanto en la propia vivienda como en el entorno en la que está ubicada o se va a ubicar. Es este proceso de cambio el que se quiere poner de relieve a la hora de la elección de dichos materiales para la elaboración de la obra.
Se pone el foco de atención en los residuos, que la actividad constructiva genera, más que en los elementos arquitectónicos. Los residuos son usados como símbolos de las realidades que modifican nuestra persona, de un modo no consciente, y que es el resultado de las acciones y decisiones que sí tomamos de manera consciente.

La luz

Dotar a la luz de una capacidad regeneradora.

El proceso creativo en el que estoy inmerso aborda principalmente el concepto del dolor, centrándolo en su vertiente individual. Este amplísimo tema se ha ido desarrollando progresivamente, a través de las diferentes series que han explorado sus distintos rostros: soledad, abandono, angustia, incertidumbre, desamparo… que a su vez son los diferentes títulos que han adquirido algunas de sus obras.
Con el análisis de una problemática tan profunda del ser humano, no me detengo únicamente en la presentación o descripción de ésta, sino que propongo una vía de superación. No una solución mágica sino una toma de conciencia de que todos estos elementos negativos también son constitutivos de la realidad del hombre y que bien afrontados, es decir aceptados y transformados, nos permiten madurar y ser cada vez más personas. Nuestros propios dolores, si somos capaces de positivarlos, nos hacen ser más empáticos, permeables y tolerantes con los límites y sufrimientos de los demás. Nos dotan de una mayor capacidad de compasión, es decir, nos dan la posibilidad de “padecer con” el otro.
Todo esto se plantea en la obra de un modo muy abierto, dejando que cada espectador tome conciencia de esta realidad y genere sus propios procesos de transformación.
El elemento material que asume la función de presentar esta realidad transformadora, en la obra, es la luz. Ésta no es un elemento añadido a la obra, no se trata de un modo de iluminación, sino de un elemento plástico esencial. El tratamiento al que se somete a la luz, para convertirla en un componente indispensable del trabajo artístico, la dota de la capacidad de modificar la realidad perceptiva de la obra y con ella las connotaciones expresivas y los contenidos conceptuales que contiene.