Sin ofrecer resistencia, 2026
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Hormigón, yeso y luz.
Medidas variables (38 x 700 x 1500 cm aprox).

Allí donde termina el viaje

Siete barcas de hormigón trazan sobre el suelo un recorrido silencioso hacia un círculo de luz. Dispuestas en una hilera, parecen avanzar lentamente hacia ese punto de llegada. Su presencia, pesada y estática, contrasta con la idea de viaje que encarnan.

Las barcas presentan una forma híbrida, a medio camino entre la canoa, la hoja y la semilla. Tres formas que condensan diferentes momentos de una misma existencia. La semilla alude al nacimiento, al origen y a aquello que todavía está por acontecer; la hoja, al tránsito de la vida, al crecimiento y a su permanente transformación; la barca, finalmente, introduce la idea del viaje y de la muerte.

El hormigón, con su densidad y su peso, contrasta con la naturaleza de aquello que representa. Barcas que, deberían flotar, convierten el viaje en una experiencia interior. No son embarcaciones destinadas a atravesar un territorio físico, sino un espacio emocional.

La instalación plantea así un doble viaje. El primero es el viaje de la vida: nacer, crecer, transformarse, atravesar la pérdida, el dolor, la incertidumbre y todo aquello que inevitablemente acontece mientras permanecemos en el mundo. El segundo es el tránsito de la vida hacia la muerte. Ese último desplazamiento ante el que el ser humano, antes o después, se encuentra y que, en muchas ocasiones, intenta negar, aplazar o combatir.

Frente a la resistencia que solemos oponer a aquello que nos duele, Sin ofrecer resistencia propone otra actitud: la aceptación. No como una renuncia pasiva, sino como una forma de apertura ante aquello que no podemos controlar.

La hilera de barcas establece un recorrido progresivo hacia el círculo luminoso. La luz aparece como un espacio de llegada, pero también como una posibilidad de transformación. Puede ser entendida como aquello que se encuentra más allá de la experiencia inmediata, como una apertura hacia lo desconocido y como una dimensión espiritual.

Sin ofrecer resistencia no propone vencer a la muerte, ni siquiera comprenderla. Propone dejar de luchar contra aquello que forma parte de nuestra condición.

Las barcas continúan señalando un camino. Y ese camino conduce hacia la luz. El verdadero tránsito no consiste siempre en llegar a algún lugar, sino en aprender a recorrer el que nos ha sido dado sin ofrecer resistencia.