Donde nadie quiere estar, 2019
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Madera, yeso, cemento y papel.
250 x 106 x 150 cm.

Donde nadie quiere estar

Es éste el inquietante título de una pieza en la que una estantería compuesta por cajas de embalaje muestra los descartes de las obras anteriores. Los elementos que ocupan los distintos espacios están realizados unos con yeso y otros con cemento, son la constatación material de los fracasos y los fallos de un proceso.

Esta pieza, en la que es importante el peso del objeto curioso, puede leerse en su conjunto como un objeto escultórico. Las cajas que actúan como contenedores de ideas han formado parte del lenguaje formal del artista, con la diferencia de que antes su contenido permanecía oculto y resultaba difícil de desvelar, mientras que ahora se muestra abierto a la mirada, aunque no tanto a una interpretación evidente.

Las piezas que nadie quiere tener, las que no encajan, lo hacen a la perfección en esta composición. Las cajas, dispuestas a modo de estantería, dan soporte a una idea de precariedad, provisionalidad, de algo de paso. La dinámica de almacenar alcanza incluso el pasado, el propio bagaje, pero al tratarse de un depósito provisional, ya que las cajas de embalaje se transportan, también nos habla de nuevos destinos, de caminos no recorridos que siguen existiendo como posibilidad.

Lo que sin duda está presente es el camino recorrido, en el que la identidad se construye pasando por los fracasos, los errores, las equivocaciones. Y a pesar de que los fracasos son mundos a los que nadie quiere llegar, son los mayores forjadores de la identidad.

De nuevo aquí lo negativo transformado se convierte en positivo y nos hace cuestionarnos qué nos construye más, las pérdidas o las ganancias, los aciertos o los errores.

María Jesús Ferro